iPhone: el nacimiento de un mito
7 July, 2007 por Feisar
Hace ya una semana que el iPhone llegó a USA creando una auténtica fiebre jamás vista antes en el país anglosajón. Miles de personas se agolparon ante las Apple Stores de todo el país para hacerse con el deseado teléfono de Apple. En apenas unos días, el iPhone ha vendido ya alrededor del millón de unidades y es imposible encontrar uno en las tiendas estadounidenses.
Este abrumador éxito no es casualidad. La fiebre del iPod se ha trasladado esta vez al nuevo gadget de los de Cupertino, que mediante su poderosa máquina de marketing han conseguido crear un nuevo icono social. El iPhone es, pues, un símbolo “cool”, deseado, idolatrado y, quizás, sobrevalorado.
Analizando fríamente las características de este nuevo gadget llama poderosamente la atención el recorte de funcionalidades que cabría esperar de un terminal de este tipo.
Seguramente todos ya habréis leído posts y más posts de otros blogs acerca de los defectos y virtudes del iPhone, y no tengo mucho más que aportar a ello.
Defectos como la ausencia de 3G, la imposibilidad de cambiar la batería, la falta de un lector de tarjetas de memoria, la imposibilidad de grabar video con la cámara y la baja resolución de ésta (sólo 2 megapíxeles), la atadura a un contrato de AT&T (en USA) si quieres tenerlo… entre muchas otras cosas, hacen que muchos pensemos que se trata de un producto a medio terminar.
No hay que olvidar que se trata de un smartphone, y que por tanto debe ser comparado en su categoría. Con esto quiero decir que si miramos lo que la competencia ofrece, nos daremos cuenta de que sus productos poseen unas características superiores al terminal de Apple.
Por si esto fuera poco, la imposibilidad de los desarrolladores de hacer aplicaciones nativas para iPhone trabajando directamente con el OS X Mobile que incorpora hace que las posibilidades del terminal se vean mermadas, al menos inicialmente. La única manera de desarrollar para este terminal es usar AJAX para programar, cuyas aplicaciones son ejecutadas en el navegador Safari del iPhone.
Esto, al menos en mi opinión, coloca en cierta desventaja al iPhone respecto a sus competidores, aunque eso es sólo la teoría, ya que en la práctica el efecto iPhone obligará a las compañías a pasar por el aro.
No me entendáis mal, el iPhone no es un mal producto. Dispone de algunas innovaciones con respecto al resto de smartphones contra los que compite.
Su interfaz es de lo mejorcito que hay y el disponer de un sistema OS X en su interior da una tranquilidad que otros gadgets no pueden dar.
Las posibilidades que aporta su pantalla multitáctil son inimaginables aún, pero a buen seguro cambiará el concepto de uso de un teléfono.
Todo ello desemboca en una facilidad de uso que no posee ningún smartphone actual.

Las posibilidades del iPhone son enormes, siempre que Apple se decida a abrir mucho más su dispositivo a los desarrolladores, y probablemente muchos de sus defectos sean solucionados por software (ya que la mayoría lo son de este tipo), pero hasta que esto no ocurra, el iPhone no deja de ser un producto con un encanto especial, pero que no da la verdadera talla en su terreno.
Esto hace que me plantee si realmente el teléfono vale lo que cuesta. Teniendo en cuenta el nivel tecnológico y el refinamiento que posee en algunas de sus características, podría pensar que son suficientes para pedir un alto precio por él. Pero careciendo de funcionalidades básicas en casi cualquier teléfono, creo que pedir tan alto precio por él es simplemente descabellado, al menos en estos momentos.
Por supuesto que como amante de los productos de Apple, me encanta y me dan ganas de poseer uno, pero piden un precio excesivamente alto por un producto que aún tiene que pulirse bastante.
Resumiendo un poco, he de anunciar que el mito iPhone ya ha nacido y promete incluso superar al iPod. Apple ha vuelto a conseguirlo, y esta vez, por auténtica goleada. Han puesto en la calle a un terminal que no es lo mejor del mercado, pero que tiene una personalidad propia que los demás simplemente no tienen.
Señoras, señores, bienvenidos a la era iPhone.